REFLEXIÓN 6


Hace algún tiempo había un extraño muchacho que jamás le gustaba hablar, ni decir lo que estaba sintiendo la vida había hecho que el mismo se escondiera para él y para los demás cómo hacen las tortugas, solo que él no podía recordar donde se había ocultado ya hace tanto tiempo solamente vagaba por el mundo buscando intentando recordar quién era o al menos cual era su nombre.

No había tenido una vida sencilla había sufrido mucho y su cuerpo lo reflejaba en las constantes marcas que se dibujaban en su piel y aunque ya habían cerrado las heridas intangible mente seguían abiertas en su interior, temía hablar, temía recordar quién era y de donde venia o al menos sus gustos solo era una sombra entre las tantas que se perdían en la distancia y que ni el mismo podía recordar.

Pero un día eso cambio cuando solo se encontraba en aquel claro de eterna soledad en un silencio profundo, un susurro rompió el cántico que lo mantenía aislado, una cálida mirada lo observaba con curiosidad en medio de la calle vacía una inocente vos pregunto –que tienes, porque lloras – aquellas palabras retumbaron como campanas en su cabeza intentando hacer el llamado que no podía responder, el encuentro de aquel lejano día lo persiguió por los siguientes años sin dejarlo descansar, lo habían despertado de aquel sueño pesado en el que andaba y le había quedado aquel amargo regusto en sus pensamientos quería encontrar la respuesta pero temía enfrentar lo que encontrara.

Una noche mientras que aquel joven ya más viejo caminaba sin rumbo como de costumbre aquella voz lo detuvo devolviéndolo a la realidad una vez más, esa vos tan dulce, tan cálida, familiar con la misma inocencia que le dijo – yo te recuerdo, eres aquel noble muchacho de mi infancia , porque lloras aun- el pensativo le respondió – no lloro mis ojos están tan secos como aquella vez- y aquella voz de esa pequeña mujer que tenía ante sí con su mirada dulce cálida se rio el no comprendía de que, porque ella podía reír y el no, porque ella tenía esa luz tan especial en sus ojos y el los veía opacos y muertos, no lo compendia y le pregunto- de que te ríes- ella contenta como si hubiera esperado toda una vida para responder una pregunta tan casual, tan simple se limito a responder – tus ojos pueden estar secos pero por dentro has llorado tanto que tu corazón esta húmedo- el sorprendido al ver que alguien a quien no conocía ni siquiera el nombre había dado respuesta de manera simple a algo que él había buscado por tanto tiempo no pudo responder y se limito al verla alejarse sonriente solo podía esperar, pensar en que en algún momento volvería con la respuesta que tanto deseaba porque su corazón estaba húmedo.

Pasaron muchos años mas y aquel muchacho ya un hombre seguía esperando ver a aquella niña de su infancia de su juventud para tener un momento más alegre como aquella vez, y de un momento inesperado sucedió que aquella vos más suave de las otras veces le dijo a oído – aun me esperas- el contento como jamás le respondió – por cada instante de el tiempo he esperado verte un solo instante mas - ella riendo le dijo – como puedes esperar a alguien que no sabes quién es, como es tu nombre – pero él no lo recordaba había olvidado quien era tenía miedo de afrontar su realidad y no pudo responderle, en ese instante ella con mirada pensativa le dijo – lloras porque tienes miedo de recordar quién eres, de hablarme porque eres tímido, y por la misma razón has olvidado tu nombre como podrías contarme de tu vida cuando tú mismo la has olvidado- a lo cual él le respondió de manera simple y clara –tengo miedo de acodarme y recordar lo que he perdido y de enfrentarte pero estoy decidido a hacerlo- dulcemente ella le tomo las manos y lo beso, un beso tan dulce y cálido que su corazón dejo de llorar pudo tener la confianza de decir quién era y ya no tenía miedo de afrontar al mundo había conseguido la confianza que hacia tantos años había guardado y recordaba donde encontrarse a si mismo ella volvió a marcharse pero esta vez el pudo tener la voluntad de seguirla y la luz de la luna ilumino sus ojos opacos.

De la misma manera en el curso hemos aprendido a confiar en nosotros mismos, que con la autobiografía nos dimos cuenta quienes somos que recordar es existir y nosotros mismos tenemos una historia algo que nos identifica, que los retos en la vida no son más que una nueva enseñanza que afrontar y que el miedo a mostrarnos como somos en nuestro interior y expresarnos es solamente el miedo a vernos a nosotros mismos, la materia fue una experiencia enriquecedora llena de aprendizajes que nos dio la espontaneidad y el poder expresarnos ante los demás y con dominio o así sea una sola persona expresarnos y no guardarlo, y que una mirada cálida que inspire la confianza al estar en un público nos da la tranquilidad para hablar ante el mismo, lo contrario que sería si todos nos miraran como juzgándonos, las cosas más simples están en la sencillez de nosotros, muchas veces tenemos miedo de expresarnos por experiencias que hemos tenido y que nos dejaron una inseguridad.

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