REGALA TU VIDA


Foto: Luis Castro

La lluvia aun podía verse en pequeños charcos del suelo, sin embargo el cálido sol de las doce inundaba la atmosfera de calor. En la universidad de Antioquia se dibujaban pequeñas sombras al medio día, de sillas vacías y personas que iban y venían, algunas siendo rechazadas en su gesto de ayuda, muchas más solo les atraía la curiosidad de la multitud; al final solo un leve mareo se comparaba con la satisfacción de su corazón.

En el momento que se marchaba del bloque 19, después de haber sido rechazada por estar consumiendo un medicamento Yesenia expresa “yo tenía miedo” mientras se tapa los ojos con una mano. Su caminar rápido es mas decidido a alejarse de aquel lugar de sillas vacías, y su mirada perdida en el horizonte, pero de sus labios escapan las palabras “fue porque mis amigas me convencieron, tengo pánico a las agujas” y se marcha rápidamente perdiéndose de vista, en el angosto corredor lleno de gente que en frente de ella se encuentra.

No tener sida, no ser una trabajadora sexual o relaciones con una, no puede haber sido víctima de violaciones y no puede haber donado en los últimos tres meses. Son algunos de los requisitos en una larga lista que finaliza con la advertencia y la encuesta, pero después de presentarse y salir positiva, la espera por un lugar llegaba a asustarla un poco, no era la primera vez de angélica pero entre pensamientos deja escapar de sus labios “yo la vi muy mareada a mi amiga, tengo cosita” sin embargo la bolsa blanca que tiene entre sus manos espera por teñirse de rojo, cuando ella done su sangre.

La indicación de la enfermera llamando a angélica le hace sentir como se le eriza la piel y antes de sentarse dice en voz baja “ya me toco y ojala no me demore tanto como las veces anteriores, tengo un trabajo” dirigiéndose rápidamente a la silla azul profundo que la espera.

Las bolsas se llenan lentamente, gota a gota tiñendo el blanco de un rojo carmesí oscuro, al terminar un jugo con unas papas margarita los esperan, una vos que les repite coman y se sentirán mejor. Angelica se pone en pie y con pasos lentos se marcha con sus amigas dejando la silla vacía, esperando a ser ocupada para llenar bolsas de vida, pero poco antes de las seis descansaran, para cumplir mañana su jornada de ocho de la mañana a cinco de la tarde, vacías invitándote a salvar vidas con tu sangre.

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